Cuarenta y seis millones de británicos deciden hoy el futuro de Europa en el referéndum del Brexit

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Los colegios electorales del Reino Unido abrieron hoy sus puertas para la votación del referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea, en la que los británicos decidirán si quieren quedarse o abandonar el bloque comunitario. En el mismo día de la votación, las encuestas siguen dando resultados mixtos, aunque los partidarios de la permanencia parecen aventajar, aunque por poco, a los del Brexit.

En algún momento del camino, el referéndum sobre Europa se convirtió en un referéndum sobre la inmigración; en alguna curva de la carretera, el debate sobre las ventajas e inconvenientes de la Unión Europea se transformó en una discusión sobre cuántos extranjeros caben en el país, y de dónde; en alguna escala del viaje, el Reino Unido descubrió que según cuál sea la pregunta, tiene una ultraderecha tan fuerte y organizada como la de Francia, Holanda o Estados Unidos, y que la democracia parlamentaria más antigua del mundo no es ajena a las emboscadas del populismo, la demagogia y la xenofobia.

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En un clima de máxima tensión por lo mucho que hay en juego, los primeros espadas del Leave y del Remain aparecieron ayer en el ruedo de los estudios de televisión, y recorrieron el país a la caza y captura del voto de los indecisos. El primer ministro, David Cameron, no paró de dar entrevistas. El exalcalde de Londres Boris Johnson se desplazó en helicóptero por el territorio nacional. El líder laborista, Jeremy Corbyn, inapetente a lo largo y ancho de la campaña, defendió con ardor la permanencia como si a última hora se hubiera metido un chute de Viagra político. Nervios.

“Decidme tres razones para seguir en la Unión Europea”, se supone que dijo la reina Isabel a sus invitados en una cena en el castillo de Windsor, según su biógrafo Robert Lacey, lo cual sugeriría una dosis de euroescepticismo por su parte. En medio de la inevitable polémica, un portavoz del palacio afirmó que esa frase no significa ningún posicionamiento. Para compensar, en cualquier caso, los defensores de la continuidad presentaron al exfutbolista David Beckham como fichaje de última hora para el equipo Europa.

Era el momento de buscar frases redondas, y Johnson se sacó de la manga que “el 23 de junio puede ser el día de la Independencia de Gran Bretaña”. Cameron, que “la reforma de la Unión Europea no ha hecho más que empezar”, y que Londres seguirá presionando a Bruselas para que ponga cortapisas a la libertad de movimiento de los trabajadores y permita reducir la inmigración. El ministro de Justicia, Michael Gove, una de las cabezas del euroescepticismo, “que también la Alemania nazi presionó a los expertos económicos para que refutaran las teorías de Einstein”. A este último le salió sin embargo el tiro por la culata, como ocurre casi siempre que se hace una referencia a Hitler, y tuvo que disculparse por la desafortunada comparación.

El primer ministro, que está visiblemente preocupado por el desenlace de un proceso que inició él mismo y se le ha escapado de las manos, hizo un gesto conciliador hacia las fuerzas del Leave e insinuó cargos importantes para Johnson y Gove en la próxima remodelación ministerial, suponiendo que las fuerzas que se van a desatar sea cual sea el resultado no se lo lleven a él por delante. Insistió en que su intención es permanecer por el momento en Downing Street, estabilizar la barca si gana la permanencia, y negociar con Bruselas los términos del divorcio si sus compatriotas optan por la separación.

“Europa se está recuperando. Con una economía fuerte es como pagamos las escuelas y los hospitales, y creamos oportunidades para la gente. No queremos un país insular y con una visión estrecha del mundo, porque somos la sociedad más multicultural del planeta, llena de individuos de todas las razas y religiones que hacen una aportación muy importante”, dijo el premier en un mensaje completamente contrario al discurso anti inmigración que ha marcado los seis años que lleva en Downing Street, y por tanto con un retintín artificial.

Como en una partida de tute en que los ases, los treses, los reyes y los caballos (Obama, Merkel, el FMI…) ya han sido jugados, las últimas bazas quedaron en manos de las sotas. Como el primer ministro italiano, Matteo Renzi, gran desconocido en estas latitudes, que hizo un dramático llamamiento a los británicos para “que no tomen la decisión equivocada”. Si por lo menos hubiera provenido de los labios de la nueva alcaldesa de Roma, que lleva días saliendo en la prensa, la frase habría tenido más efecto…

Más de mil hombres de negocios, que emplean a casi dos millones de personas, escribieron una carta a The Times recordando por enésima vez las “terribles consecuencias” que la salida de la UE tendrían para el empleo, los sueldos, las inversiones extranjeras y las pensiones. Pero a estas alturas la Caperucita británica ha oído el cuento tantas veces que el lobo feroz ya no le asusta. Hasta el miedo tiene sus límites.

La líder nacionalista escocesa, Nicola Sturgeon, calificó de “venenosa” la campaña del Brexit, y dijo “yo acuso” a todos aquellos “que han distorsionado la realidad para sustentar la teoría de que la culpa del recorte de los servicios públicos la tienen los inmigrantes, la culpa de la inmigración la tiene la Unión Europea, y por tanto la solución lógica es salir de Europa”.

Ha sido la campaña del Proyecto Miedo contra el Proyecto Odio, llena de distorsiones, exageraciones y mentiras, y ha enfrentado a Gran Bretaña con fantasmas intolerantes en vestiduras neofascistas que no sabía que existían. Pero por lo menos ha acabado con una nota luminosa, la Union Jack en el Palacio de la Cultura y la Ciencia de Varsovia, y el eslogan de Remain en la Tate Modern, el castillo de Edimburgo, el Ponte Vecchio de Florencia y la Torre Eiffel de París. Sólo queda esperar el resultado.

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